Nota del editor: Si hay algo en lo que Brandon Sanderson puede declarar maestría, es en la creación de mundos y sistemas de magia creíbles. Es por eso que hoy les traemos el primero de tres artículos redactados por el mismo Sanderson sobre sus «Leyes de la Magia». Se tratan de reglas que, en su opinión, deben seguir quienes deseen escribir novelas de fantasía del mismo calibre que las del autor. Un artículo recomendable para todos los fanáticos de Sanderson y, en particular, para todos los escritores novatos.


La Primera Ley de la Magia
por Brandon Sanderson

Introducción

Me gustan los sistemas de magia. Para los que leyeron mi obra, eso debe de ser más que evidente. Me atrae muchísimo que un libro cuente con un sistema de magia sólido, interesante e innovador. Es cierto que son los personajes los que hacen que la historia tenga fuerza narrativa, pero la magia es un componente clave que distingue al género de fantasía.

Hace un tiempo que vengo trabajando en varias teorías relacionadas con los sistemas de magia. Hay mucho por considerar. Como escritor, quiero un sistema que sea divertido para escribir. Como lector, quiero algo que sea divertido de leer. Como narrador, quiero un elemento narrativo firme que dé lugar al misterio y al descubrimiento. Un buen sistema de magia debe tener un atractivo visual y debe realzar el tono de una historia. Debe facilitar la narrativa y convertirse en una fuente de conflictos.

Quisiera encarar el concepto de la magia a partir de diferentes ensayos que detallen cada una de las «leyes» que desarrollé para explicar cómo son, a mi criterio, los buenos sistemas de magia. Como siempre digo, esta es solo mi opinión. Aunque las llame «leyes», son simples pautas que me han servido mucho. Así como es conveniente, en ciertas ocasiones, romper las reglas gramaticales; los autores pueden desobedecer mis teorías y aun así crear buenos libros. No obstante, pienso que, de seguir estas reglas, en sus libros podrán desarrollar magia más poderosa y memorable.

La Ley

Primera Ley de Magia de Sanderson: La capacidad de un autor de resolver conflictos con magia es DIRECTAMENTE PROPORCIONAL a cómo entiende el lector dicha magia.

Cuando solicité participar de la organización de mi primera Worldcon (luego del comienzo de la venta de Elantris, pero antes de que el libro se publicara), noté que estaban organizando un panel llamado «¿Cómo funciona la magia?». Les pedí ávidamente que me incluyeran en el panel y, por suerte, el comité decidió incluirme.

Fue mi primer panel en la convención. Llegué con los ojos cansados, luego de un largo viaje de Utah a Boston, pero logré subir al escenario, con las notas en mano, las ideas preparadas y afiladas, y preparado para desenvainarlas. Me senté al final de la mesa y por eso fui el primero en hablar cuando el moderador dijo: «Muy bien, comencemos con una pregunta simple. ¿Cómo funciona la magia?».

Dije algo que DABA POR HECHO. Después de todo, lo había leído en el libro sobre escritura de Orson Scott Card (les recomiendo leer el capítulo sobre magia) y hacía un tiempo que lo usaba como regla de oro. Supuse que era la primera ley de los sistemas de magia.

«Pues bien», dije, «obviamente, la magia debe tener reglas».

Pero el resto de los integrantes del panel discreparon violentamente. «Si tienes muchas reglas y límites para la magia», explicaron, «¡se pierde todo el asombro! ¡Y el asombro es la clave de la fantasía! ¡No puedes ponerle reglas a la magia que te restrinjan o restrinjan tu imaginación!».

Brandon Sanderson

Brandon Sanderson

Quedé estupefacto. De pronto, me di cuenta de que la mayoría de lo que había leído sobre el tema lo había escrito un segmento de la población a la que le gustaba un tipo de magia específico. Sin embargo, parecía existir otra escuela de pensamiento completamente diferente. Me costó defenderme ante el resto del panel y me fui con la idea de que todos los demás deben tener sistemas de magia muy débiles en sus libros.

Luego lo pensé durante un tiempo. ¿No pueden existir historias buenas en las que las cosas se hagan de manera diferente de cómo las hago yo? ¿No se puede tener magia sin explicar muchas reglas y leyes de dicha magia? Tolkien no explicaba su magia.

Pero si las historias no tienen reglas y leyes para su magia, ¿no corren el riesgo de que sus libros sean víctimas de un deus ex machina (finales que no sigan la lógica del libro)? Desde los comienzos del género de fantasía, una de las mayores críticas que recibió está relacionada con su falta de consistencia. John Campbell, uno de los editores más importantes y de mayor influencia de la historia de la ciencia ficción, dijo una vez:

«La distinción más clara entre la fantasía y la ciencia ficción es, simplemente, que la ciencia ficción usa un único postulado nuevo, o muy pocos, y desarrolla las consecuencias lógicas y rígidamente consistentes de dichos postulados limitados. La fantasía crea sus reglas a medida que avanza… La naturaleza básica de la fantasía es que “la única regla ¡es inventar una regla nueva cuando la necesites!”. La regla básica de la ciencia ficción es “establecer una propuesta básica y luego desarrollar sus consecuencias consistentes y lógicas”».

Estoy completamente en desacuerdo con esto, pero en defensa de Campbell, cabe destacar que la fantasía avanzó mucho desde la década del 1960 (cuando escribió la cita mencionada en la revista Analog Science Fiction and Fact). La fantasía no tiene por qué estar siempre hecha de historias en las que los autores inventan lo que necesitan. Pero pienso que los escritores de fantasía debemos estar atentos a este criticismo y ser cautelosos. Si creamos reglas nuevas cuando nuestros personajes están en peligro, crearemos un tipo de ficción que no solo es poco satisfactoria y poco emocionante, sino directamente mala.

Magia blanda

Por esto, comencé a desarrollar mi primera ley para incluir a los sistemas de magia que no siguen reglas muy estrictas, pero que no socavan sus tramas. Les repetiré mi ley: La capacidad de un autor de resolver conflictos con magia es directamente proporcional a cómo entiende el lector dicha magia.

Esta definición deja lugar a aquellos que quieren mantener la sensación de asombro en sus libros. Observo una continuidad, o más bien una escala, para medir cómo los autores usan su magia. En un lado de esa continuidad, están los libros en los que se incluye magia para establecer una sensación de asombro y crear un entorno fantástico. Los libros que se enfocan en este uso de la magia tienen una tendencia a mostrar que los hombres son una parte muy pequeña de los entramados eternos y místicos del universo. Esto le da al lector cierta sensación de tensión puesto que nunca están seguros de qué peligros, o situaciones asombrosas, enfrentarán los personajes. De hecho, los personajes nunca saben a ciencia cierta qué puede ocurrir y qué no.

Para mí, este es el sistema de la «magia blanda», y tiene una tradición muy extendida en el mundo de la fantasía. Me animaría a decir que el propio Tolkien apoya esta idea de continuidad. En sus libros, casi nunca es posible entender las habilidades de los magos y otros seres de su tipo. En cambio, inviertes tu tiempo identificándote con los hobbits, quienes sienten que son parte de algo que es mucho más grande, y más peligroso, que ellos mismos. Al no exponer las leyes y reglas de la magia, Tolkien nos hace sentir que el mundo es vasto y que existen poderes inimaginables que surgen y acechan más allá de nuestra mirada.

El Señor de los Anillos

En los libros de Tolkien, casi nunca es posible entender la naturaleza y limitaciones de la magia.

No obstante, hay algo que necesitas entender acerca de cómo escribir de este lado de la continuidad. Los buenos escritores de sistemas de magia blanda casi nunca usan esa magia para resolver los problemas en los libros. La magia genera problemas y luego la gente resuelve esos problemas por su propia cuenta sin demasiada ayuda de la magia. (George R. R. Martin usa este paradigma con mucha efectividad en Canción de hielo y fuego).

Existe un motivo para que Gandalf no use magia para llevar a Frodo volando a la Montaña de Fuego para que deposite el anillo. Desde el punto de vista narrativo, eso no funciona con el sistema de magia. No sabemos qué puede hacer y es por eso que si el lector lo usa para resolver muchos problemas, la tensión de la novela se desvanece. La magia socava la trama en lugar de enriquecerla.

Por esto, si quieres escribir sistemas de magia blanda, te sugiero que NO dejes que tu magia resuelva los problemas de los personajes. Si los personajes intentan usar la magia, el resultado no debería ser el esperado, puesto que el lector tampoco sabe qué esperar. Usa la magia para crear un entorno visual y generar ambiente, pero no para la trama. (A menos que tu objetivo sea arruinarles la vida a los personajes. Eso siempre está bien).

Magia dura

Del otro lado de la continuidad, tenemos la magia dura. En este caso, los autores describen explícitamente las reglas de la magia. Esto se hace para que el lector se divierta con la sensación de ser parte de la magia y para que el autor pueda imponer giros argumentales inteligentes acerca del funcionamiento de la magia. La magia en sí es un personaje y, al exponer sus leyes y reglas, el autor puede imponer giros argumentales, construir mundos y caracterizar.

Si el lector entiende cómo funciona la magia, entonces puedes usarla (o, en verdad, pueden usarla los personajes) para resolver problemas. En este caso, la magia no hace que todo esté mejor gracias a su misticismo. Por el contrario, el ingenio y la experiencia de los personajes son los que los ayudan a resolver los problemas. La magia se convierte en otra herramienta y, al igual que cualquier otra herramienta, un uso cuidadoso de ella puede mejorar a los personajes y a la trama.

Isaac Asimov está de este lado de la continuidad. Y me parece un tanto extraño que use este tipo de magia dado que, por lo que leí en ensayos, parecería rechazar el genero de fantasía. (Asimov decía que la fantasía era para la gente tonta, que no era más que hombres con espadas matando a personas inteligentes denominadas magos).

Sin embargo, creo que las historias de robots de Isaac son un ejemplo perfecto del sistema de magia dura. En sus historias de robots, Asimov establece tres leyes muy específicas, y nunca agrega nada más ni infringe dichas leyes. A partir de la interacción entre dichas tres leyes, nos brindó decenas de historias e ideas excelentes.

Es importante señalar que, al hablar de «magia dura», no quiero decir que se tienen que seguir las leyes de la ciencia o de que tiene que haber algún tipo de explicación de POR QUÉ la gente puede usar este tipo de magia. Solo me refiero al entendimiento del lector acerca de QUÉ PUEDE HACER la magia. Pensemos en los superhéroes, por ejemplo. Podemos vernos tentados de pensar que la magia de los superhéroes es parte de un sistema de «magia blanda». Después de todo, los poderes suelen ser ridículos y los motivos por los cuales existen desafían todas las leyes, la lógica y la ciencia. (Por ejemplo, «Me picó una araña radioactiva ¡y obtuve los poderes de las arañas!»).

Isaac Asimov

Las historias de robots de Isaac son un ejemplo perfecto del sistema de magia dura.

Sin embargo, los sistemas de los superhéroes son muy similares a los de magia dura. Recuerden que estamos analizando esta situación como escritores, no como científicos. Narrativamente, la magia de los superhéroes suele ser específica y explícita. (Varía según la historia). En general, sabemos exactamente qué poderes tiene Spiderman y qué puede hacer con ellos. 1) Puede percibir el peligro; 2) tiene fuerza y resistencia sobrehumana; 3) dispara telarañas desde sus manos y 4) puede trepar paredes. Si bien en los cómics suele obtener poderes extraños (lo que hace que el sistema pase a ser blando), en las películas no incorpora capacidades nuevas.

En consecuencia, no nos sorprende que Spiderman lance una telaraña en el rostro de los tipos malos. Ya sabemos que puede hacerlo y tiene sentido que lo haga. Desde lo narrativo, es un sistema de magia dura y no blanda.

La postura intermedia

La mayoría de los escritores se encuentra en el medio de estos dos extremos. Un buen ejemplo de lo que para mí es una postura intermedia es la saga de Harry Potter de J. K. Rowling. Cada libro establece diferentes reglas, leyes e ideas de la magia que predomina en el mundo. Y, en ese libro, rara vez se infringen esas leyes; por el contrario, a menudo son importantes para desarrollar el clímax del libro. Sin embargo, si observamos el escenario en su totalidad, nunca se entienden de verdad cuáles son las capacidades de la magia. Rowling agrega reglas nuevas con cada libro nuevo, expande el sistema, se topa con algunas contradicciones y, convenientemente, también olvida algunas capacidades que los personajes tenían en novelas previas. Estos lapsus no son importantes para la historia, y cada libro suele ser coherente.

De hecho, creo que logra un equilibrio muy bueno. En un sentido específico, su magia es dura. En un sentido más amplio, su magia es blanda. Esto le permite usar la magia como puntos de resolución de conflictos, pero sin perder el asombro en sus novelas.

Yo pienso que mis sistemas de magia son un 80 % duros, quizás un poco más. Mi propio paradigma implica desarrollar un sistema de magia complicado que pueda explicarse de la manera más sencilla posible, pero que tenga muchas reglas ocultas «detrás de escena». Muchos de estos entramados no se explican en los libros, sobre todo al principio. Los personajes entienden bien la magia, pero casi nunca la entienden en su totalidad. En parte, esto es porque trato a mis sistemas de magia como si fueran ciencia, y creo que nunca llegaremos a entender por completo las leyes de la ciencia. Además, hago esto, en parte, para que las novelas tengan descubrimientos y revelaciones. Me gusta más el misterio que el misticismo.

Es por eso que, en esta línea, se encuentra mi serie Nacidos de la bruma. En esta serie, describo muchas reglas de la magia subyacente y luego presento algunas excepciones o contradicciones que quedan sin explicar y desarrollo en los libros siguientes. La interacción relacionada con cómo funcionan las leyes de la magia es clave para entender las tramas principales.

Nacidos de la Bruma

“Nacidos de la Bruma” es un buen ejemplo de la postura intermedia.

Cómo utilizar este texto

Si eres un escritor que está trabajando en sus sistemas de magia, te sugiero que decidas qué tipo de sensación quieres que deje tu magia. ¿Te gusta la tecnomagia, como la que es protagonista de mis libros, o de libros de L. E. Modesitt Jr. y Melanie Rawn? ¿Te gustan los híbridos, como los de los libros de David Eddings o J. K. Rowling? ¿O prefieres que tu magia sea más imprecisa y misteriosa, como la que es protagonista de los libros de Tolkien o George R. R. Martin? Me gustan los libros de todos esos autores, pero, cuando escribo, prefiero tener reglas, costos y leyes con los que trabajar en mi magia. Eso es lo que más me divierte.

¿Qué cosas te interesan más cuando lees? ¿Qué sensación o clima encajan de la mejor manera posible con el libro que estás escribiendo? (Trabajé prácticamente solo en magia dura, pero mi serie de libros para niños tiene un sistema de magia un poco más blanda; tal vez sea un 50/50. Lo hice así intencionalmente, por la naturaleza extravagante de los libros y porque quería resaltar la idea de que el personaje se ve envuelto en un mundo extraño que no entiende).

Evita el impulso de usar la magia para resolver los problemas a menos que ya hayas explicado y mostrado ese aspecto de cómo funciona la magia. No les des a los héroes un poder nuevo cuando lo necesiten y tengan mucho cuidado con crear leyes en sus sistemas solo para usarlas en una situación en particular. (Esto podría hacer que tu sistema de magia sea endeble y conveniente, incluso si YA ANTES describiste las habilidades).

Si estás creando un sistema de magia dura, cuando un personaje se enfrenta a un problema, pregúntate: «¿Cómo podrían los personajes usar las habilidades que ya tienen y conocen para resolver el conflicto?». Luego, haz que usen lo que ya tienen, en lugar de darles algo adicional. Esto hará que la historia sea más interesante, llevará a tus personajes al extremo y hará que el lector se divierta más.

Si estás creando un sistema de magia blanda, pregúntate: «¿Cómo pueden resolver esta situación sin magia?» o incluso: «¿Cómo pueden usar la magia para INTENTAR resolver el problema, pero en realidad empeorarlo todo?». (Por ejemplo, en La comunidad del anillo, todos esperan que Gandalf los salve del Balrog. Resultado: Gandalf desaparece durante todo el resto del libro).

Pero principalmente, experimenta y descubre qué te gusta, y luego haz que eso les funcione.

Brandon Sanderson

Sobre El Autor

Brandon Sanderson

Brandon Sanderson es un escritor estadounidense de literatura fantástica. Nacido en Nebraska, Sanderson pertenece a Iglesia SUD. Actualmente reside en Provo, Utah, con su mujer Emily, con la que contrajo matrimonio el 7 de julio de 2006. Obtuvo un máster en literatura creativa en 2005 en la Brigham Young University, donde fue compañero de habitación del campeón de Jeopardy! Ken Jennings. Ha sido nominado dos veces para el Premio John W. Campbell.

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  • Stalloner

    HAHAHAHA por eso Sanderson es tan Increíble!
    Otros sustentan su magia con valor y emociones, cosas incalculables, pero Sanderson crea algo factible que se desarrolla y evoluciona de forma exponencial, es un autor de Ciencia-Magica!